false prophet

Quiénes son los falsos profetas de que habla el evangelio — y por qué es importante saberlo

Existe una creciente confusión acerca de esta temática que envuelve a una gran parte de los cristianos de hoy en día. Cuestiones como a qué se refiere el evangelio al hablar de ‘falsos profetas’ y si hay un modo de distinguirlos con mayor certeza, son temas en los que nos adentraremos con un breve estudio, con el fin de obtener una solución lógica, racional y evidente.

Antes de proceder, es conveniente repasar minimamente el significado de la palabra ‘profeta‘. A este respecto lo definiremos como alguien que proclama públicamente un mensaje por inspiración divina. Aquel que recibe este don, llamado de ‘profecía’, recibe mensajes, y en ocasiones visiones que pueden anunciar hechos futuros que se adelantan al tiempo actual del profeta. A través del mensaje profético es que entonces, los planes de Dios cobran visibilidad y se vuelven un poco mas comprensibles para la humanidad.

Sobre la cuestión que los planes de Dios requieren la colaboración activa del hombre ya lo hemos discutido en este artículo, y solo diremos que, aun siendo Dios omnipotente, en función del libre albedrío no violenta la libertad humana, requiriéndose por tanto la participación de la voluntad libre del hombre en cooperar al cumplimiento de la voluntad de Dios.

La profecía es también una prueba para el hombre, que se ve interpelado por el mensaje profético. Además debe verlo como proveniente de Dios y no de la persona que simplemente lo transmite, y aqui yace una primera dificultad: Distinguir si realmente es de Dios su procedencia y no del mismo hombre o mujer que la proclama.

Falsos Profetas

Consideremos el texto bíblico que reza del siguiente modo:

  • Y se levantarán muchos falsos profetas, y a muchos engañarán. (Mt 24:11)
  • Porque se levantarán falsos Cristos y falsos profetas, y mostrarán grandes señales y prodigios, para así engañar, de ser posible, aun a los escogidos. (Mt 24:24, Idénticas palabras pueden leerse en Mc. 13,22)
  • Cuidaos de los falsos profetas, que vienen a vosotros con vestidos de ovejas, pero por dentro son lobos rapaces. (Mt 7:15)
  • Pero el Espíritu dice claramente que en los últimos tiempos algunos apostatarán de la fe, prestando atención a espíritus engañadores y a doctrinas de demonios (1 Timoteo 4:1)
  • Pero se levantaron falsos profetas entre el pueblo, así como habrá también falsos maestros entre vosotros, los cuales encubiertamente introducirán herejías destructoras, negando incluso al Señor que los compró, trayendo sobre sí una destrucción repentina. (2 Pe 2:1)

Estas alusiones a falsos profetas imponen cierta precaución a tener en cuenta en lo concerniente a los mensajes y acciones del supuesto profeta. Consideremos también la recomendación que hace el Catecismo de la Iglesia Católica:

  • Dios puede revelar el porvenir a sus profetas o a otros santos. Sin embargo, la actitud cristiana justa consiste en ponerse con confianza en las manos de la Providencia en lo que se refiere al futuro y en abandonar toda curiosidad malsana al respecto. La imprevisión puede constituir una falta de responsabilidad. (CIC 2115)

Verdaderos Profetas

Habiéndo partido de esta base, es necesario ahora no caer en el error de irse al extremo, y directamente no considerar ninguna palabra profética, o ampararse en la prudencia para desoir revelaciones proféticas que realmente pueden tener su procedencia en Dios. Por ello consideremos ahora estos otros textos bíblicos:

  • No menospreciéis las profecías. Antes bien, examinadlo todo cuidadosamente, retened lo bueno; (1Tes 5:20-21)
  • Por consiguiente, el que rechaza esto no rechaza a hombre, sino al Dios que os da su Espíritu Santo. (1Tes 4:8)
  • El comunicó a unos el don de ser apóstoles, a otros profetas, a otros predicadores del Evangelio, a otros pastores o maestros. Así organizó a los santos para la obra del ministerio, en orden a la edificación del Cuerpo de Cristo, (Ef 4:11-12)
  • Tened presente que la palabra de Dios no comenzó en vosotros ni sois vosotros los únicos que la habéis recibido. Si alguien se cree profeta o cree estar inspirado por el Espíritu, reconocerá que esto que os escribo es un mandato del Señor. Y si no lo reconoce, que tampoco se le reconozca a él. Así pues, hermanos míos, aspirad a comunicar mensajes proféticos y no prohibáis que se hable en lenguas; pero hacedlo todo decentemente y con orden. (1Co 14:36-40)
  • No toquéis a mis ungidos, ni hagáis mal a mis profetas. (Salmos 105:15)
  • Ciertamente, nada hace el Señor Dios sin haber revelado su designio a sus servidores los profetas. (Amós 3:7)
  • Yo les digo estas cosas mientras permanezco con ustedes. Pero el Paráclito, el Espíritu Santo, que el Padre enviará en mi Nombre, les enseñará todo y les recordará lo que les he dicho. (Jn 14:25-26)

Obsérvese el texto de Efesios 4, 11-12 citado arriba, junto con los de 1Cor. 12, 4-29 y 1Cor. 14,1-5.21.22 (ver en párrafos siguientes). Aqui se hace mención de un «don de profecía» proveniente del Espíritu Santo, y al mismo tiempo es clasificado como uno de los dones necesarios para edificar el Cuerpo Místico de Cristo: la Iglesia.

«Ciertamente, hay diversidad de dones, pero todos proceden del mismo Espíritu. En cada uno, el Espíritu se manifiesta para el bien común.
El Espíritu da a uno la sabiduría para hablar; a otro, la ciencia para enseñar, según el mismo Espíritu; a otro, la fe, también en el mismo Espíritu. A este se le da el don de curar, siempre en ese único Espíritu; a aquel, el don de hacer milagros; a uno, el don de profecía; a otro, el don de juzgar sobre el valor de los dones del Espíritu; a este, el don de lenguas; a aquel, el don de interpretarlas.
Pero en todo esto, es el mismo y único Espíritu el que actúa, distribuyendo sus dones a cada uno en particular como él quiere.
El cuerpo no se compone de un solo miembro sino de muchos.
Si el pie dijera: «Como no soy mano, no formo parte del cuerpo», ¿acaso por eso no seguiría siendo parte de él? Y si el oído dijera: «Ya que no soy ojo, no formo parte del cuerpo», ¿acaso dejaría de ser parte de él? Si todo el cuerpo fuera ojo, ¿dónde estaría el oído? Y si todo fuera oído, ¿dónde estaría el olfato? Pero Dios ha dispuesto a cada uno de los miembros en el cuerpo, según un plan establecido.
Porque si todos fueran un solo miembro, ¿dónde estaría el cuerpo? De hecho, hay muchos miembros, pero el cuerpo es uno solo.
El ojo no puede decir a la mano: «No te necesito», ni la cabeza, a los pies: «No tengo necesidad de ustedes».
Más aún, los miembros del cuerpo que consideramos más débiles también son necesarios, y los que consideramos menos decorosos son los que tratamos más decorosamente. Así nuestros miembros menos dignos son tratados con mayor respeto, ya que los otros no necesitan ser tratados de esa manera. Pero Dios dispuso el cuerpo, dando mayor honor a los miembros que más lo necesitan, a fin de que no haya divisiones en el cuerpo, sino que todos los miembros sean mutuamente solidarios.
¿Un miembro sufre? Todos los demás sufren con él. ¿Un miembro es enaltecido? Todos los demás participan de su alegría.
Ustedes son el Cuerpo de Cristo, y cada uno en particular, miembros de ese Cuerpo.
En la Iglesia, hay algunos que han sido establecidos por Dios, en primer lugar, como apóstoles; en segundo lugar, como profetas; en tercer lugar, como doctores. Después vienen los que han recibido el don de hacer milagros, el don de curar, el don de socorrer a los necesitados, el don de gobernar y el don de lenguas.
¿Acaso todos son apóstoles? ¿Todos profetas? ¿Todos doctores? ¿Todos hacen milagros?» (1 Cor 12:4-29)

«Procuren alcanzar ese amor, y aspiren también a los dones espirituales, sobre todo al de la profecía.
Porque aquel que habla un lenguaje incomprensible no se dirige a los hombres sino a Dios, y nadie le entiende: dice en éxtasis cosas misteriosas.
En cambio, el que profetiza habla a los hombres para edificarlos, exhortarlos y reconfortarlos.
El que habla un lenguaje incomprensible se edifica a sí mismo, pero el que profetiza edifica a la comunidad.
Mi deseo es que todos ustedes tengan el don de lenguas, pero prefiero que profeticen, porque el que profetiza aventaja al que habla un lenguaje incomprensible. A no ser que este último también interprete ese lenguaje, para edificación de la comunidad.
En la Ley está escrito: Yo hablaré a este pueblo en lenguas extrañas y por boca de extranjeros; con todo, ni aun así me escucharán, dice el Señor.
Esto quiere decir que el don de lenguas es un signo, no para los que creen, sino para los que se niegan a creer; la profecía, en cambio, es para los que tienen fe.» (1 Cor. 14:1-5.21.22)

Asi como el ojo no puede decir a la cabeza ‘no te necesito’ ni la cabeza a los pies ‘no tengo necesidad de ustedes’ (cf. 1Cor 12, 21), del mismo modo nadie que forme parte de este cuerpo que es la Iglesia podría afirmar que los apóstoles (rol ejercido por los obispos hoy en día) no son necesarios y por tanto no hay que escucharlos, o que los predicadores del evangelio no son necesarios porque quien sabe leer debería aprender todo leyendo la Biblia, o de igual modo, que los profetas no son necesarios porque toda la revelación ya está contenida en las Sagradas Escrituras. Dependiendo de la formación religiosa que se tenga, admitir esta verdad podría ser mas o menos díficil, ya que existe una tendencia a ignorar deliberadamente las revelaciones proféticas, como si la figura del profeta fuera cosa del pasado, del A.T. y ya no existiera este rol dentro de la Iglesia ni el Espíritu Santo estuviera dando mas este don de profecía.

El rol y la misión del profeta son demasiado importantes (cf. 1Cor. 14:1-5.21.22) como para dejarlos de lado, eso seria equivalente a dejar de lado el rol del apostolado que hoy llevan a cabo los obispos, cada cual tiene una función que es útil, no se puede excluir a un grupo sin causarle un daño estructural a todo el edificio de la Iglesia.

El texto en 1Tes 4:8, si bien no está dirigido particularmente a las revelaciones proféticas, es de clara aplicación a esta situación por razón lógica: si el don de profecía proviene del Espíritu Santo, se deduce por consiguiente que quien rechaza la profecía no rechaza sólo al hombre o la mujer que la proclama, sino también a Dios que la inspira por medio de su santo Espíritu.

Detengámonos en este punto para ampliar el razonamiento, y recordemos la acusación que hicieron los escribas y fariseos a Jesús, dando motivo a su terrible afirmación acerca del pecado contra el Espíritu Santo. Estas acusaciones pueden verse en Mt 9:34; Mt 10:25; Mt 12:23-28; Mc 3:22; Lc 11:15. Encontrándose la dura respuesta de Jesucristo en Mt 12:31; Mc 3:28-30; Lc 12:10. Lo que dio causa a esta dura manifestación de Cristo, fue la falsa acusación de obrar en alianza con el poder de Satanás. Habían atribuido el bien al mal, cuando el bien es manifiestamente procedente de Dios; atribuyeron la acción de Dios por obra del Espíritu Santo a acción satánica. Cristo destacó que su argumento no era lógico, puesto que significaría que Satanás estaría luchando contra sí mismo.

¿Acaso no es esto una situación análoga a considerar un profeta inspirado por el Espíritu Santo como falso, y por tanto con un espíritu de mentira proveniente de Satanás? La respuesta a este interrogante no es tan sencilla, si consideramos la siguiente expresión, según la cual para reconocer a un profeta, es necesario también haber recibido uno mismo el don de profecía:

«Quien a vosotros os recibe a mí me recibe, quien me recibe a mí recibe a Aquel que me ha enviado; quien reciba a un profeta como profeta recibirá premio proporcional a la caridad ejercida con el profeta; quien reciba a un justo como justo recibirá un premio proporcional al justo. Esto es así porque el que reconoce al profeta en el profeta es señal de que también él es profeta, es decir, muy santo porque el Espíritu de Dios lo tiene en sus brazos; y quien reconoce a un justo como justo demuestra que él mismo es justo, porque las almas semejantes se reconocen. A cada uno, pues, se le dará según justicia.» (Cita extraída de «El evangelio como me ha sido revelado» – Segundo año de la vida pública de Jesús -Cap. 265. Instrucciones a los doce apóstoles al comienzo de su ministerio, Maria Valtorta)

Por último complementemos la cita del Catecismo, que recomendaba evitar la curiosidad acerca del futuro, con esta otra:

  • Los profetas llaman a la conversión del corazón y, buscando siempre el rostro de Dios, como Elías, interceden por el pueblo. (CIC 2595)

Algunos casos en la Biblia

Examinemos ahora algunos casos bíblicos puntuales en los que se hace referencia a falsos profetas para ver si podemos arribar a una mejor comprensión de lo que se entiende por «falso profeta«.

En Hechos 13, 6-11 puede leerse acerca del encuentro de Saulo (Pablo) y Bernabé con una persona a la que expresamente se denomina falso profeta: un hombre llamado Barjesús (v.6) que se hacía conocer con el nombre de Elimás, que significa sabio o mago. Toda forma de magia (hechicería, adivinación, etc.) era condenada por Dios (Ex 22:18; Lev 20:27; Dt 18:10-12; Is 47:12-14; Gál 5:19-21) siendo éstos algunos de los medios más efectivos que Satanás emplea para estorbar la predicación del evangelio.

Aunque posiblemente en este caso Elimas no era un ‘hechicero’ sino un hombre instruido en ciencias filosófico-naturales, podría asemejarse a la idea actual de un filósofo ateo o no cristiano. Barjesús se oponía abiertamente a la conversión del procónsul (v.8), quien mostraba «deseos de oír la palabra de Dios» (v.7). La razón de esa oposición no se especifica. Quizás fuera simplemente por no perder su posición ante el procónsul, si éste se convertía; o quizás fuera por cuestión de negar que Jesús de Nazaret fuera el Mesías y exponiendo, a su vez, ante el procónsul las esperanzas mesiánicas tal como él (y el resto judío que aun no reconocía a Cristo en Jesús) las entendían.

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La teoría del Big bang, una falsa profecía moderna.

En todo caso creemos que el ejemplo de Barjesús es representativo de aquellos profesionales u hombres de ciencia que, buscando la verdad, dando asesoramiento y consejo a otros, no reconocen la verdad de Jesucristo como Dios y Señor ni la verdad expresada en las Sagradas Escrituras, y por tanto es una ciencia sin Sabiduría divina, de la cual proceden consejos vanos o errados en cuestiones de importancia. No es dificil comprender el daño que ha hecho en las sociedades, por ejemplo, la ridícula teoría que propuso que la materia se creó a sí misma de la nada (Big bang), mensaje falso y retrógrado que en pleno siglo XXI sigue estorbando a muchas almas en su búsqueda de la verdad de Dios.

En Hechos cap. 8, tenemos el relato de un encuentro con una persona llamada Simón, que practicaba la magia y haciendo grandes señales asombraba a la gente en la ciudad de Samaria (v.9). Al mismo tiempo, por la evangelización de Felipe en la ciudad muchos creían y se bautizaban, aun Simón el mago creyó viendo las grandes señales y milagros que se hacían (v.13). Pedro y Juan descendieron de Jerusalén hacia Samaria para imponerles las manos a los bautizados y que reciban el Espíritu Santo.

Al ver Simón el mago que el espíritu se daba por imposición de las manos de los apóstoles, les ofreció dinero a cambio de recibir la misma autoridad (v.18), resultando en el duro reproche de Pedro por pensar que podía comprar el don de Dios con dinero (v.18). Simon el mago es ejemplo de todos aquellos que son seguidores de doctrinas y conocimientos esotéricos que se apartan de la verdad del evangelio. No es muy dificil encontrar un allegado o conocido que tire las cartas (tarot), y lo mismo puede decirse de los horóscopos tan difundidos en la sociedad que ya vienen incorporados a los diarios y revistas como vanidades en las cuales muchos creen.

En Deuteronomio 13, 1-3 tenemos otro ejemplo de falsos profetas, en este caso lo que hace la distinción es que el supuesto profeta, o «soñador de sueños» luego de anunciar un prodigio que se cumple, llama a ir en pos de otros dioses. Es decir un profeta que valiéndose de prodigios o señales, intenta hacer apostatar de la fe. Parece ser una situación similar a la del falso profeta del Apocalipsis que surgirá haciendo grandes señales y prodigios para hacer apostatar de la fe.

Damos por ejemplo a alguien que brinda un favor o servicio importante a otro que tiene necesidades básicas insatisfechas, pero lo hace a cambio de la aceptación de ciertas condiciones que incluyen, por ejemplo, prohibición de realizar prácticas religiosas o deber de aceptar situaciones de idolatría.

Otro ejemplo puede encontrarse en Lamentaciones 2,14. Aquí se habla de profetas que proclamaron visiones falsas y engañosas en lugar de manifestarle al pueblo su iniquidad (es decir, sin llamar a la conversión) obstaculizando el que pudieran regresar del cautiverio.

En Jeremías 23,25-27 se habla de falsos profetas que profetizan la mentira y el engaño, tratando que el pueblo se olvide de Dios contandose supuestos sueños reveladores. También en Jeremías 27,9-10 se habla de profetas que profetizan la mentira diciendo «No serviréis al rey de Babilonia», con el fin de alejarlos de su tierra, que sean expulsados y que perezcan (v.10).

Nótese que en este caso la cuestión de servir al rey de Babilonia no era agradable para los judíos y les generaba un profundo conflicto, puesto que era el rey que los había tomado cautivos al tiempo que había destruido Jerusalén. Ellos no deseaban servir a este rey, y los falsos profetas llamaban a la desobediencia a su autoridad, no queriendo aceptar que esta situación de dominio del enemigo era voluntad de Dios, de quien procede todo poder y autoridad (Cf. Jn 19,11, Rom 13,1).

El mensaje profético que es verdadero, por el contrario, no suele decir aquello que el pueblo desearía escuchar. La humanidad rebelde y soberbia no desea que se le corrija. Esto cada uno lo puede comprobar con sus conocidos, si bien correjir al que peca es una obra de misericordia muy recomendable, sería raro que aquel que recibe la corrección lo tome a bien, mas bien devolverá insultos o preguntará quién es uno para juzgar, incluso aquellos que se consideran muy cristianos. Lo enunciado en Jeremías 35,15 es un ejemplo de esto: Los profetas que realmente habían sido enviados por Dios diciendo «Vuelvan de su mal camino, enmienden sus acciones, no vayan detrás de otros dioses para servirlos, y entonces habitarán en el suelo que yo les he dado, a ustedes y a sus padres» no fueron escuchados y su mensaje fue desestimado.

Discernimiento de espíritus

Por último, el nuevo testamento nos ofrece una regla básica de discernimiento de espíritus en 1 Juan 4, 1-3 que sirve como una recomendación específica para distinguir a falsos profetas: todo espíritu que confiesa que Jesucristo ha venido en carne, es de Dios (v.2) mientras que todo espíritu que no confiesa a Jesús, no es de Dios; y este es el espíritu del anticristo (v.3).

1 «Amados, no creáis a todo espíritu, sino probad los espíritus para ver si son de Dios, porque muchos falsos profetas han salido al mundo.
2 En esto conocéis el Espíritu de Dios: todo espíritu que confiesa que Jesucristo ha venido en carne, es de Dios;
3 y todo espíritu que no confiesa a Jesús, no es de Dios; y este es el espíritu del anticristo, del cual habéis oído que viene, y que ahora ya está en el mundo.» (1 Juan 4,1-3)

Podríamos complementar con esta regla básica lo expresado por San Judas en Judas 1,4. Son falsos profetas también quienes convierten la gracia de Dios en libertinaje, es decir quienes por ejemplo no reconocen el deber de cumplir los mandamientos, o de algún modo buscan relajar o derogar aquello que es seguro que no cambiará con el transcurso del tiempo.

4 «Pues algunos hombres se han infiltrado encubiertamente, los cuales desde mucho antes estaban marcados para esta condenación, impíos que convierten la gracia de nuestro Dios en libertinaje, y niegan a nuestro único Soberano y Señor, Jesucristo.» (Judas 1:4)

Los falsos profetas en las revelaciones a María Valtorta

Finalmente consideremos el texto con el que se trata esta temática en revelaciones a la gran mística italiana, María Valtorta, transcribiendo la parte pertinente (el resaltado en color es nuestro):

(…) «En otros lugares hay quienes dan más crédito a los falsos profetas, voces impuras que Satanás mueve a hablar y la ley de la Iglesia condena válidamente para todos aquellos que, siendo católicos, escuchan tales voces satánicas que hablan por medio de mesas parlantes o espiritistas, voces que hablan para engañar, seducir, extraviar y alejar de la Iglesia.

Tan sólo los espíritus de luz son verídicos y guías solventes; pero nunca, lo repito: nunca por imposición humana, no precisando de elementos especiales para manifestarse. Dios los manda cuando quiere y a quien quiere. Son los únicos que dicen la verdad, ya que los otros mienten en todas sus manifestaciones satánicas y Satanás se identifica con la Mentira. Cuanto proviene de estas voces por más que, al parecer, sean palabras buenas, se halla siempre contaminado sutilmente de error. Para apartar de la Iglesia, dicen que ésta no es necesaria para comunicarse con Dios e insinúan teorías falsas sobre la reencarnación y un sistema absolutamente falso acerca de la evolución de las almas a través de vidas sucesivas y, por último, sugieren soluciones científicas de la Omnipotencia divina que todo lo creó de la nada.» (María Valtorta, Cuadernos 1945-1950, El Apocalipsis. Capítulo II, parte 2ª)

(…) «Los prodigios de que habla Jesucristo al predecir los últimos tiempos y poner en guardia a los hombres frente a los mismos y frente a las voces de falsos profetas y falsos cristos que surgirán y aparecerán por un sitio y por otro y que no serán otra cosa que trampas satánicas y satánicos profetas, servidores del Anticristo profetizado, suscitados para traer seducidos a los hombres a la Mentira y a las falsas doctrinas engañosas y hacer que se encuentren desprevenidos cuando llegue el momento tremendo del reinado del Anticristo sobre la Tierra y de la consecutiva última venida del Hijo del Hombre, de Cristo Vencedor para el Último Juicio de separación de los corderos y ovejas de los cabritos y moruecos, de elección y condena, de bendición y de maldición. Los prodigios de que habla Pablo en su 2° Epístola a los de Tesalónica (c. II). Los prodigios de que habla Juan en el capítulo XIII de su Apocalipsis.» (María Valtorta, Lecciones de la Epístola de San Pablo a los Romanos, 7-11 de junio de 1948)

(…) «El Apocalipsis es ciertamente un libro de revelación. Y si bien él pone fin a la gran Revelación, es, a su vez, un libro profético.

Revelación y profecía proceden ambas de Dios, ya que Dios tan sólo las inspira y únicamente Dios las puede inspirar porque, al ser la Verdad, El exclusivamente la conoce, como igualmente conoce los acontecimientos futuros por ser el Eterno, el Omnisciente y Omnipotente.

La profecía es como una proyección de los hechos futuros, vistos tan sólo por Dios y alumbrados por El a los que viven envueltos en las nieblas de su temporal presente.

Dios toma a un hombre -profeta o inspirado por El, mas ciertamente por El elegido para ese fin- y a los ojos y oídos espirituales del mismo ilumina o dice acontecimientos pasados de los que, bien por el paso de los siglos, por alteración involuntaria fácil de producirse en la revelación verbal o por alteración voluntaria motivada por cismas religiosos, herejías e investigaciones científicas desprovistas de sabiduría religiosa, se altera la verdad. Con todo, ilumina y revela hechos futuros que en su eterno presente tan sólo El conoce. Ellos ven y perciben cual si para ellos pasase un film sonoro. Y Dios les encarga que manifiesten cuanto les revela haciéndose para ello mano que escriba o boca que diga cuanto Dios se complace en revelar.

Este símil -por más que Jesús se sirva de ejemplos para hacer entender a sus seguidores las lecciones- hará comprender a muchos qué es la profecía y qué los profetas, qué un inspirado o vidente y cómo cuando ellos no digan cosas que pugnan con la Fe y la Gran Revelación, debe creérseles que manifiestan cuanto conviene saber para deambular por caminos seguros.» (María Valtorta, Cuadernos 1945-1950, El Apocalipsis. Capítulo II, Parte 1ª)

Conclusiones

Los falsos profetas de la época actual que más daño causan no hay que buscarlos tanto en el ámbito religioso (donde sería evidente una sencilla comprobación de si en los mensajes se reconoce a Jesucristo, si se llama a la conversión, si no se busca introducir libertinaje en los deberes para con Dios, etc.), sino en las ciencias y artes esotéricas que se han difundido enormemente en el pueblo y lo apartan de la verdad del evangelio, brindando consejos sobre decisiones de vida que suelen ser pecaminosos (Ej. Tarot, Adivinación, Horóscopos, profesionales que al estar separados de la fe, brindan en el ámbito de su profesión consejos pecaminosos a sus clientes o pacientes, etc.).

A esto sumemos la vanidad de parte de un sector de la ciencia (la minoría aunque parezca lo contrario) que, al rechazar a Dios carece de sabiduría, y pretende brindar explicaciones al origen del universo y del hombre, con conceptos ridículos y ya descartados por la misma ciencia.

Se podria decir que en este sentido se han multiplicado los falsos profetas, que difunden supuestos conocimientos que en realidad están plagados de engaño y confusión y en la que un sinnúmero de personas se encuentra inmerso al dia de hoy, alejándose y alejando a muchos de la verdadera religión.

La recomendación más sabia y prudente parece ser la que hace Pablo a los cristianos de Tesalónica: «No menospreciéis las profecías. Antes bien, examinadlo todo cuidadosamente, retened lo bueno» (1Tes 5:20-21), ello teniendo en cuenta la desastrosa situación actual en la que las revelaciones proféticas son prácticamente desestimadas por la Iglesia, y que viéndose privada de los beneficios de este don procedente del Espíritu Santo, como es lógico de esperar, encuentra grandes dificultades en su transitar en una época compleja y dificil para la religión, cometiendo errores y negando a su vez la ayuda que este importante órgano del Cuerpo Místico de Cristo puede brindarle para su mejor salud.

Por último se observa que el Catecismo de la Iglesia Católica no ha recogido con claridad la importancia de la profecía en la historia de la Iglesia, especialmente la reciente.

No asignarle al rol del profeta su justo valor dentro de la estructura de la Iglesia y no darle la consideración que merece, resulta en confusión, errores y falta de comprension del tiempo que se vive. Las revelaciones profeticas iluminan el camino en momentos cruciales de la historia del Pueblo de Dios, y le recuerdan luego de tantos siglos transcurridos, que Dios sigue estando presente en la vida de su Pueblo, siendo siempre el Buen Pastor que cuida de su rebaño. Cada vez que se dejó de lado la profecía, la historia demostró que se cometieron decisiones equivocadas, con un consecuente daño que generalmente se paga a través del dolor.

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