Jotam-Jotham

La Advertencia de Jotam Resuena Hasta Nuestros Dias

Cuando los Siquemitas eligieron a Abimelec como su gobernante, a pesar de saber que venía de matar a sus 70 hermanos (Jueces, cap. 9), se volvieron cómplices del crimen que consintieron. Del mismo modo, la maldición que Jotam lanzó al pueblo sobre el monte Guerizim tiene un eco que resuena para las naciones que, admitiendo el genocidio del aborto, se volvieron cómplices de los gobernantes y legisladores que falseando la verdad vuelven legal este crimen.

La historia de Abimelec y Jotam

La ciudad de Siquem. Clic para agrandar.

Los hechos que se leen en el libro de los Jueces, cap. 9 ocurrieron alrededor del año 1236 a.C., en la ciudad de Siquem, región de Samaria (ver en mapa).

Allí podemos leer como se desarrolla una historia trágica cargada de ambición, poder y crueldad. Es la de dos hermanos de un mismo padre, llamados uno Abimelec y el otro Jotam. Su padre, Jerobaal Gedeón, que habia sido juez de Israel (Jue. cap. 6 al 8), en su edad avanzada acababa de morir, dejando unos 70 hijos.

Tras la muerte de su padre y olvidándose de la promesa que éste había hecho de que nadie de su familia gobernaría Israel, sino que Dios sería su único rey (8,23), Abimelec intenta con astucia alzarse como gobernante de la ciudad. Para ello logra ganarse la confianza de los Siquemitas con discursos persuasivos en los que hace valer a su favor el hecho de ser hijo de una concubina siquemita de Gedeón, y por tanto identificarse con sus habitantes por tener la misma sangre.

Una vez convencidos los siquemitas, financian con dinero proveniente de un templo idolátrico -del culto a los «baales», la campaña de Abimelec, que usando el dinero recibido, contrata varios matones y ordena la muerte de los 70 hijos de Gedeón, sus hermanos. Uno de los hijos de Gedeón logra huir con vida, es Jotam.

Luego de la matanza, se reunen en acto formal los habitantes de Siquem y proclaman rey a Abimelec. Habiéndo sido informado Jotam, aun profundamente afectado por la matanza de su familia, sube al monte Guerizim, que bordea al oeste la ciudad de Siquem, y pronuncia una maldición en forma de fábula o parábola contra los siquemitas y su rey.

Jotam critica fuertemente a un pueblo que concientemente había elegido como gobernante a alguien que era capaz de matar a su propia familia, y por este motivo, los considera cómplices de esa injusticia, consentida por ellos, y dignos de castigo al igual que Abimelec.

En su parábola, Jotam nos presenta a tres árboles, todos ellos útiles y esenciales en una comunidad agrícola: el olivo, la higuera y la vid; éstos no aceptan renunciar a producir sus frutos, con los que alegran la vida de los humanos, para controlar, manipular y gobernar sobre los demás arboles. En cambio, la zarza, sí. Por un lado, los tres primeros dan vida, dan frutos y alegran al ser humano. La zarza lo único que da es dolor por el fuego de sus espinas y su amenaza. Ella no tiene nada que perder si acepta ser rey, porque no tiene nada que dar. Si la zarza acepta gobernar -y lo hará- sólo destrucción y muerte acarreará a todos los árboles que se cobijen bajo su sombra.

Jotam intenta mostrar por medio de su fábula el gran error que han cometido los habitantes de Siquém cuando han aceptado por rey a un hombre tan sanguinario como Abimelec, profetizando la destrucción mutua entre el rey y sus gobernados: Éstos, consintiendo la injusticia, tendrán en Abimelec la paga merecida: «¡Salga fuego de Abimelec que devore a los de Siquém y a los de Bet-Miló, salga fuego de los de Siquém y de los de Bet-Miló que devore a Abimelec!» (20).

Los siquemitas se rebelarán a Abimelec, porque Dios -que siempre reprueba la injusticia- mandará un espíritu de discordia entre ellos (23). En efecto, los siquemitas se rebelan contra Abimelec, y éste les hace guerra matando a cuantos puede, si es necesario, quemándolos vivos y destruyendo la ciudad. Las excavaciones de Siquém manifiestan una destrucción de la ciudad producida durante el s. XII a. C, coincidente con los hechos enunciados en el libro de Jueces.

Muerte de Abimelec, por Gustave Doré. Clic para agrandar.

Finalmente, en una escalada de violencia y destrucción, Abimelec muere intentando quemar vivas a unas personas que se habían refugiado en una torre, en una ciudad ubicada a unos 15 km al norte de Siquem llamada Tebes (o Tubas). Desde la parte superior, una mujer arroja un fragmento de piedra de molino que impacta en su cabeza, rompiéndole el cráneo. Herido, Abimelec le pide a su escudero que lo remate con su arma, para que no se diga que «una mujer lo había matado», acabando asi su ignominiosa vida y cumpliéndose la profecía de Jotam. Sólo reinó durante tres años.

Quien logra llegar al poder valiéndose de falsedades y de la sangre de inocentes, quien no posee una base de virtud y justicia ni valor sobre el que apoyarse, debe continuamente pavimentar con nuevos crímenes el camino que ha levantado, añadiendo otra llama al fuego de venganza que se prepara sigilosamente a su alrededor, hasta que al cabo de cierto tiempo, una gota rebalsa el vaso y la situación estalla, destruyendo por igual reino y vida.

La «Grieta» y la desunión, frutos de la complicidad del pueblo a la matanza de inocentes

Es notable que, este mismo espíritu de discordia, enviado entre el pueblo y su gobernante, se encuentra hoy en apogeo en nuestras sociedades alrededor del mundo, que no encuentran satisfacción con gobernantes que, en lugar de cumplir una vocación de servicio y fomentar la paz y el bien común, parecen evaluar de qué modos pueden empeorar las vidas de sus gobernados y llevarlos a la desesperación. Del mismo modo, las protestas por cualquier cosa y rebeliones de todo tipo ante las autoridades, son la contracara de este fenómeno.

Como en los tiempos de Jotam, fuego sale de los gobernantes que consume a los gobernados y fuego sale de los gobernados que consume a los gobernantes en una espiral destructiva que experimentamos, entre otras causas, porque como sociedad, consentimos con el voto a gente sin escrúpulos que legaliza (o manifiesta que legalizará) el genocidio del aborto, o bien no derogan las leyes abortistas previamente aprobadas, o bien son reticentes en verificar el cumplimiento de las penas para todos aquellos que cometen este crimen, como para quienes hacen su apología en los medios de comunicación, en general con discursos anticristianos y falseando la verdad acerca del comienzo de la vida humana.

Podemos decir como Jotam con confianza: si el pueblo elige un gobernante que aprueba estas matanzas y ustedes lo consienten, salga fuego del Abimelec que los devore…


Lecturas complementarias

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